miércoles, abril 11, 2007

Ludwig von Bertalanffy y el desarrollo del enfoque sistémico.

Aunque es poco citado en el ámbito de la ciencia cognitiva, hay que señalar que en la misma época en que se desarrollaron los conceptos de retroalimentación y de cibernética, el biólogo Ludwig von Bertalanffy plantea la Teoría General de Sistemas, cuyo propósito explícito era producir una reorientación del pensamiento, un cambio de paradigma, en términos de Kuhn, introduciendo nuevos esquemas conceptuales en la tradición científica. Para von Bertalanffy, la idea fundamental era superar el problema de las limitaciones que impone a la ciencia el procedimiento analítico clásico, el cual no es aplicable al estudio de los fenómenos complejos de carácter sistémico.

“La aplicación del procedimiento analítico depende de dos condiciones. La primera es que no existan interacciones entre ‘partes’, o que sean tan débiles que puedan dejarse a un lado en ciertas investigaciones. Sólo con esta condición es posible ‘deslindar’ las partes –real, lógica y matemáticamente- y luego volverlas a ‘juntar’. La segunda condición es que las relaciones que describan el comportamiento de partes sean lineales; sólo entonces queda satisfecha la condición de aditividad, o sea que una ecuación que describa la conducta total tiene la misma forma que las ecuaciones que describen la conducta de las partes; los procesos parciales pueden ser superpuestos para obtener el proceso total, etc.
Semejantes condiciones no las cumplen las entidades llamadas sistemas, o sea consistentes en partes ‘en interacción’.
El prototipo de su descripción es un conjunto de ecuaciones diferenciales simultáneas, que son no lineales en el caso general.”[1]

La aspiración de von Bertalanffy, era establecer una teoría cuya aplicación resultara útil a las diversas disciplinas científicas, una teoría basada en principios universales que se pudiera aplicar a los sistemas en general. La existencia de estos principios generales explicaría la aparición de similitudes estructurales o isomorfismos en diversos ámbitos del conocimiento.

El desarrollo de la teoría de sistemas, al igual que el de la cibernética, si bien tendió a difuminarse en los años posteriores, ha continuado en la actualidad con el desarrollo de la teoría de los sistemas dinámicos, que von Bertalanffy consideró como parte de su teoría general. En el ámbito de los sistemas dinámicos y particularmente en el de la física, la relevancia de la interacción y las limitaciones del modelo analítico tradicional, utilizado por el método científico, se advirtió ya en el siglo XIX con los planteamientos del físico y matemático francés Heinri Poincaré, quien cuestionó la aplicación de la física newtoniana al sistema solar, dudando de la estabilidad que supuestamente éste tenía. Este cuestionamiento, se basaba en el hecho de que las ecuaciones lineales de Newton se vuelven insolubles cuando se tratan de aplicar a un sistema en el que interactúan más de dos cuerpos. Al intentar resolver las ecuaciones, Poincaré advirtió que una perturbación mínima podía ocasionar en algunas órbitas un comportamiento absolutamente errático y caótico. La participación de un tercer cuerpo, en este caso, un planeta o un asteroide, podía causar que un planeta en órbita fuera despedido del sistema solar. Este hecho, terminaba con la feliz suposición de que una perturbación pequeña produce un efecto pequeño, que no es significativo para la estabilidad del sistema.[2] Las innovadoras conceptualizaciones físicas y matemáticas desarrolladas por Poincaré, lo llevaron a formular, a principios del siglo XX, el Principio de la Relatividad y a plantear en 1905, el mismo año que lo hiciera Einstein, lo que hoy se conoce como la Teoría de la Relatividad Especial.

Fueron estas ideas, junto a la hipótesis cuántica planteada por Max Planck en 1900, las que comenzaron a derrumbar la doctrina del determinismo científico, el famoso sueño del Marqués Pierre Simon Laplace, según el cual “debía existir un conjunto de leyes científicas que nos permitirían predecir todo lo que sucediera en el universo, con tal de que conociéramos el estado completo del universo en un instante de tiempo, (. . .) incluido el comportamiento humano.”[3] Las implicaciones de la hipótesis cuántica, se advirtieron más claramente cuando Werner Heisenberg, en 1926, plantea el principio de incertidumbre, según el cual es imposible determinar con exactitud la posición y la velocidad de una partícula en un mismo instante, pues el cuanto de luz que ilumina la partícula para advertir su posición, al mismo tiempo, la perturba. Basado en este principio, Heisenberg, Schrödinger y Dirac desarrollaron la mecánica cuántica, donde el conocimiento que se puede alcanzar de las partículas ya no aspira a ser certero ni único, sino que sólo probable. Cabe destacar, que uno de los científicos que contribuyó a la formalización de la mecánica cuántica, fue el matemático John von Neumann, quien además desempeñó un rol fundamental en el desarrollo de la ciencia cognitiva.

El cambio epistemológico y paradigmático que suponía el desarrollo de la mecánica cuántica, la cibernética y la teoría de sistemas, fue inicialmente ignorado, privilegiando el quehacer científico más acorde al sueño de Laplace. La deriva que estos revolucionarios planteamientos tienen para nuestra vida cotidiana, los cuales no están incorporados generalmente en los programas de estudios tradicionales, parece que sólo recientemente están siendo considerados por la comunidad académica en general. Para el físico Stephen Hawking, el principio de incertidumbre tiene “profundas implicaciones sobre el modo que tenemos de ver el mundo. Incluso más de cincuenta años después, éstas no han sido totalmente apreciadas por muchos filósofos, y aún son objeto de mucha controversia.”[4]


[1] von Bertalanffy, Ludwig. General Systems Theory. Ed. George Braziller, New York, 1968. Edición en español: Teoría General de los Sistemas. Editorial FCE. México. 1976. pp. 17-18

[2] Briggs, John. Peat, F. David. Turbulent Mirror: An Illustrated Guide to Chaos Theory and the Science of Wholeness. Harper & Row. New York. 1989. Edición en español, Espejo y Reflejo: Guía ilustrada de la teoría del caos y la ciencia de la totalidad. Ed. Gedisa. Barcelona. 1990.

[3] Hawking, Stephen. The Illustrated a Brief History of Time. Bantam Books, Toronto. 1988. Edición en español, Historia del Tiempo Ilustrada. Ed. Crítica, Barcelona. 1996. p. 68.

[4] Hawking, S. Ibíd. p. 72.

sábado, marzo 24, 2007


El desarrollo de la cibernética: los albores de la ciencia de la mente (II Parte).



En la época en que Wiener desarrolló el concepto de cibernética, uno de los principales temas que ocupaban a la comunidad científica era cómo compatibilizar los planteamientos de la biología y de la física, cómo armonizar los procesos homeostáticos de los sistemas vivos con la segunda ley de la termodinámica, la generación de entropía. Erwin Schroedinger, el padre de la mecánica cuántica, se preguntaba: ¿cómo evita la decadencia el organismo viviente?, ¿qué hace un ser vivo para retardar su desintegración?.[1] Como respuesta, Schroedinger plantea que el organismo requiere de un dispositivo, un mecanismo que sea capaz de guiar, controlar y ejecutar todas las acciones necesarias para generar una entropía negativa, para desarrollar un proceso recursivo que permita la construcción y mantenimiento del cuerpo, dispositivo que se encuentra en cada una de las células del organismo y que hace las veces de código jurídico y de poder ejecutivo a la vez.[2]

El conjunto de dispositivos propuestos por Schroedinger, distribuidos por todo el organismo, requería de un complejo sistema de coordinación, al igual como lo requerían las diversas unidades de un ejército o los distintos departamentos y secciones de una fábrica o de un gobierno, sistema que además, debía ser capaz de funcionar en forma autónoma. Warren Weaver, creador de la expresión biología molecular y dirigente de la sección de control de armas de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, resume estas necesidades señalando que los problemas de mediados del siglo XX eran los de la complejidad organizada, siendo un deber de la ciencia el aprender a enfrentarlos.[3]

Wiener y sus colaboradores, se dedicaron precisamente a desarrollar estos sistemas capaces de alcanzar un objetivo con un cierto grado de autonomía. En estos sistemas cibernéticos, el concepto de retroalimentación[4] o feedback resulta fundamental, pues cualquier proceso que pretenda regular el accionar de un organismo o de una máquina requiere retroalimentación, la cual Wiener entiende como:

“un método para controlar un sistema reintroduciéndole los resultados de su desempeño en el pasado. Si estos resultados son utilizados meramente como datos numéricos para evaluar el sistema y su regulación, tenemos la retroalimentación simple de los técnicos de control. Pero si esa información de retorno sobre el desempeño anterior del sistema puede modificar su método general y su pauta de desempeño actual, tenemos un proceso que puede llamarse aprendizaje.”[5]

Los ciclos de retroalimentación, ciertamente no fueron una distinción original de los fundadores de la cibernética, pero sí fueron ellos los que reconocieron su importancia y popularizaron el concepto en la década de 1940, al constituirse éste en el punto de intersección de las máquinas con los organismos biológicos. Un paso importante en esta dirección, se dio cuando en 1949, el físico, matemático y epistemólogo Heinz von Foerster llega a Estados Unidos y propone que el nombre del congreso de las Conferencias Macy, “Causalidad circular y mecanismos de feedback en sistemas biológicos y sociales”, donde participaban Warren McCulloch, John von Neumann, Walter Pitts, Margaret Mead, Gregory Bateson, Norbert Wiener y Kurt Lewin, entre otros, sea cambiado simplemente por “Cibernética”.

La retroalimentación, positiva o negativa, que permite que un sistema u organismo se mantenga en el tiempo como tal, es información que proviene tanto del interior como del exterior del propio sistema u organismo y que, como tal, da cuenta de los cambios, desviaciones o diferencias que éste presenta en un momento determinado. Advertir estas desviaciones y realizar los ajustes necesarios para corregirlas, permite alcanzar el equilibrio necesario para la mantención de la máquina y para la sobrevivencia del organismo biológico. Cabe destacar, que estos procesos cibernéticos están implícitamente presentes, de diferentes maneras, en los planteamientos de Dewey, Vygotsky y Piaget, siendo éste último quien explicitara la necesidad de que el sujeto alcance un equilibrio cognitivo mediante los procesos de asimilación y acomodación. Como señalan Briggs y Peat[6], en la actualidad se reconoce que la retroalimentación está presente en todas partes, en el desarrollo del lenguaje, en la evolución de los nichos ecológicos, en la dinámica de las interacciones sociales, en el precio de las acciones en las bolsas de comercio y en los fenómenos de los que dan cuenta la física y la química.


[1] Schroedinger, Erwin. What is life?. Cambridge University Press. Cambridge. Inglaterra. 1944. Cit. en Fox Keller, Evelyn. 1995. op. cit.

[2] Ibíd.

[3] Weaver, Warren. Problems of organized complexity. American Scientist Nº 36. 1949. Cit. en Fox Keller, Evelyn. 1995. op. cit.

[4] Según el Diccionario de la RAE, el término correcto es realimentación, sin embargo, se utilizará el concepto de retroalimentación dado que éste último corresponde a la traducción más frecuente del concepto inglés feedback.

[5] Wiener, Norbert. The Human Use of Human Beings. Anchor Books. New York. 1954. Cit. en Keeney, Bradford. 1987. op. cit. p. 83.

[6] Briggs, John. Peat, F. David. Turbulent Mirror: An Illustrated Guide to Chaos Theory and the Science of Wholeness. Harper & Row. New York. 1989. Edición en español, Espejo y Reflejo: Guía ilustrada de la teoría del caos y la ciencia de la totalidad. Ed. Gedisa. Barcelona. 1990.

martes, febrero 27, 2007

El desarrollo de la cibernética: los albores de la ciencia de la mente (I Parte).



Norbert Wiener (1894-1964)

El término computación, es una palabra cuya etimología nos remite a la contemplación o consideración conjunta de dos o más entidades con el propósito de calcular su relación.[1] Así entendida, el desarrollo de las máquinas que realizan computaciones tiene una larga historia, pudiéndose ésta remontar incluso a la creación del ábaco y, más recientemente, a la construcción de un dispositivo mecánico para hacer cálculos matemáticos, hecho por Blaise Pascal en 1642. Sin embargo, la computación tal como hoy la entendemos, se desarrolló sólo a principios del siglo XX, estimulada por la necesidad de procesar y computar la enorme cantidad de datos que se requerían para coordinar las operaciones militares propias de la guerra que se estaba desarrollando en Europa. Fue este mismo contexto bélico el que hizo necesario optimizar los sistemas de comunicaciones, llevando a los Laboratorios Bell a buscar la forma de maximizar las transmisiones telefónicas, proceso que más tarde daría lugar a la formulación de la teoría matemática de la información por Shannon y Weaver en 1949.

En la actualidad, parece obvio que durante la guerra, los procesos de comunicación, y las investigaciones que en ese ámbito se realizaban, estuvieran en función de los servicios de inteligencia y de control. Sin embargo, fue sólo a principios de la década de 1940 cuando Norbert Wiener, un matemático y filósofo que trabajó en el Aberdeen Proving Ground de Maryland realizando cálculos balísticos, explicitó la relación entre comunicación y control.[2] A principios de la Segunda Guerra, Wiener era profesor de matemáticas en el MIT, donde junto a Vannevar Bush, diseñó un sistema de fuego antiaéreo, en el cual la noción de feedback o retroalimentación resultó fundamental. Unos años más tarde, Wiener, en colaboración con el neurofisiólogo mexicano Arturo Rosenblueth y el ingeniero Julian Bigelow, plantearon una teoría acerca del control y la comunicación en los animales y las máquinas.[3] En 1942, durante el desarrollo de una de las conferencias multidisciplinarias financiadas por la Fundación Josiah Macy sobre la inhibición central en el sistema nervioso, estos investigadores presentaron el concepto de feedback, el cual deriva de la noción de medio interno planteada por el biólogo francés Claude Bernard en 1865 y retomada por Walter Cannon en 1932 al proponer la noción de homeostasis para describir “las reacciones fisiológicas coordinadas que mantienen la mayoría de los estados estables del cuerpo.”[4] En 1943, este mismo equipo, publica en Philosophy of Science un artículo titulado “Behavior, Purpose and Teleology”, donde señalan que el concepto de feedback permite explicar la conducta teleológica, orientada por una meta o propósito, que presentan los sistemas vivos y artificiales. Cabe destacar, que ese mismo año, Warren McCulloch, filósofo y neurofisiólogo, y Walter Pitts, matemático y neurofisiólogo, publicaron en el Bulletin of Mathematical Biophysics la investigación donde analizaron las propiedades computacionales de neuronas formales interrelacionadas, con el título de “A logical calculus of ideas immanent in nervous activity”, estudio que sustentó el desarrollo de la arquitectura conexionista o de redes neuronales en ciencia cognitiva.

Durante 1945, Wiener junto a Howard Aiken y John von Neumann, organizaron uno de los encuentros de las Conferencias Macy, que titularon “Causalidad circular y mecanismos de feedback en sistemas biológicos y sociales”, el cual contó con la participación de destacadas personalidades de diversas disciplinas, entre quienes se encontraban, McCulloch y Pitts. Finalmente, en 1948, Wiener publica su libro “Cibernetics, or the Control and Communication in the Animal and Machine”, donde a partir del concepto de feedback, concibe la formulación de una ciencia general de la pauta y de la organización, que permita integrar los procesos físicos y mentales. Para Varela, Thompson y Rosh, “la intención manifiesta del movimiento cibernético consistía en crear una ciencia de la mente.”[5]

La integración de dominios que propone Wiener con la cibernética, se halla ya en la etimología de la palabra y en el antiguo uso que a ésta se le dio. De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española[6], el término cibernética proviene del griego κυβερνητική (kybernetiké), que se refiere al arte de gobernar una nave[7].

“En la República, Platón la utilizó para designar tanto el arte de dirigir una nave como el arte de comandar. Que la palabra original remita tanto a la naútica como al control social nos está diciendo, pues, que la cibernética se ocupa a la vez de las personas y de los aparatos técnicos que ellas inventan.”[8]


[1] Segal, Lynn. The dream of reality. Heinz von Foerster’s constructivism. W.W.Norton and Co., NY. 1989. Edición en español, Soñar la realidad. El constructivismo de Heinz von Foerster. Ed. Paidós, Barcelona. 1994.

[2] Fox Keller, Evelyn. Refiguring Life: Metaphors of Twentieth-Century Biology. Columbia University Press, NY. 1995. Edición en español, Lenguaje y Vida: Metáforas de la biología del siglo XX. Ediciones Manantial, Buenos Aires. 2000.

[3] Bechtel, W. et al. 1998. op. cit.

[4] Cannon, Walter B. The wisdom of the body. W.W. Norton and Co. NY. 1932. Cit. en Damasio, A. The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness, Harcourt Brace, New York. 1999. Edición en español, Sentir lo que sucede: Cuerpo y emoción en la fábrica de la consciencia. Ed. Andrés Bello, Santiago. 2000.

[5] Varela, F. et al. 1991. op. cit. p. 62.

[6] En http://buscon.rae.es/draeI/

[7] Este término griego, kybernetiké, derivó en el término latino gubernare, que aludía también a dirigir una nave y del cual procede la palabra gobernar, que actualmente hace referencia a dirigir una nación. La historia más reciente de la palabra cibernética, indica que se utilizó en Francia hacia 1830, cybernétique, para referirse al arte de gobernar. En http://www.elcastellano.org/palabra.php?q=gobernar (01/09/06)

[8] Keeney, Bradford. Aesthetics of Change. The Guilford Press, NY. 1983. Edición en español, La Estética del Cambio. Ed. Paidós, Barcelona. 1987. p. 83.

miércoles, enero 31, 2007

Introducción al Constructivismo.


¿Ha tomado conciencia de lo que está usted haciendo en este preciso momento?.
¿Se ha dado cuenta de que está mirando estos signos en forma ordenada, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, y que mientras lo hace le está dando significado a estos píxeles, que si los imprimiera corresponderían a “manchas de tinta”?
¿Qué hace usted cuando está leyendo?, ¿le parece un proceso automático que no requiere de mayor atención?
If I begin to write in english, can you read in the same way?. ¿Qué pasa?, ¿sigue ahora siendo un proceso automático?.

En la medida que siga leyendo este texto comenzará a hacerse algunas preguntas. Es raro encontrar un texto como éste, que en forma directa lo invita a reflexionar sobre las operaciones que realizamos cada vez que leemos un texto, o cada vez que respiramos, o cada vez que emitimos un juicio, o cada vez que tomamos conciencia de que nos hayamos insertos en la praxis del vivir.

Tenga cuidado, está próximo a entrar en un terreno particularmente delicado. Quizás sería adecuado que en este momento tratase de persuadirlo de que dejase de leer. Es más, me atrevo a recomendarle que detenga su lectura en este momento y piense si realmente desea asumir las consecuencias de continuarla. Me siento con la responsabilidad de señalarle que este texto es potencialmente muy peligroso, más aún, en estricto rigor, debiera circular de un modo muy secreto y clandestino. ¿Cuál es el peligro?...dejar de vivir el apacible mundo que usted cree habitar, terminar con esa inocencia que le permite vivir tranquilamente sus días, sin asumir las consecuencias del ser consciente de nuestra condición de seres humanos, del cómo operamos en nuestro vivir cotidiano.

Le insisto que es mejor que deje de leer antes de que comience a preguntarse ¿qué estoy realmente haciendo?, ¿quién me está haciendo preguntas?, ¿estaré leyendo o conversando con el autor del texto?, ¿estaré interactuando con esta pantalla y las “manchitas de colores”? o ¿estaré manteniendo un diálogo conmigo mismo?. Si me estoy formulando preguntas, ¿a quién se las estoy haciendo?, ¿será que este texto tiene la intención de volver loco al que lo lee?.
Si se siente un poco confundido, o le parece que este texto es extraño y un poco raro, significa que no aceptó la invitación de dejar de leer, que le propuse un momento atrás. Significa también que decidió seguir interactuando conmigo a través de este texto...o seguir interactuando con esta pantalla...o seguir interactuando con usted mismo(a) en la medida que continúa la lectura.
Por favor, no deseo abusar de su paciencia, sé que su tiempo es valioso y no está dispuesto a perderlo con textos fútiles. Consciente de ello, le vuelvo a preguntar: ¿qué hace usted cuando está leyendo?, ¿qué le pasa cuando lee?, ¿qué le está pasando ahora mientras mira estas letras que conforman palabras y oraciones?

Es probable que esté pensando que lo que le pasa dependerá del texto que esté leyendo. Interesante, pues eso nos lleva a aceptar que este texto que tiene frente a usted y las “manchitas de colores” que contiene no son triviales. Es decir, algo efectivamente le pasa cuando está leyendo. Esto parece muy obvio si pensamos que cuando leemos una “noticia importante” no nos mantenemos neutrales, que si leemos un reportaje que se titula: “Las costumbres sexuales de los chilenos”, es posible que nos concentremos en su contenido y nos evaluemos en relación con lo que allí se plantea. En fin, cotidianamente lo que leemos parece “tocarnos”, de uno u otro modo. Cabe preguntarse, ¿cómo nos puede “tocar” el texto de un blog o una hoja de papel impresa?, ¿realmente cree que este texto “lo está tocando”?, ¿qué poder mágico tendrá internet y su contenido que logra incidir en lo que usted está ahora pensando, sintiendo o recordando?

Lo invito a hacer un ejercicio, por favor, imagínese recostado en una playa solitaria, de arena muy fina y clara. Sobre usted un sol muy cálido y agradable, al frente suyo, un mar de aguas color turquesa. La playa está rodeada de vegetación y se escucha el murmurar de las hojas al contacto del refrescante viento que a esa hora sopla. Mira en torno suyo y le parece increíble tanta tranquilidad, tanta calma, tanta paz y belleza, parece que está todo en una sabia armonía natural.

¿Qué le pasa?, ¿dónde está?, ¿adónde fue?. No me diga que logró imaginar que estaba en una playa. Más bien, dígaselo si así fue...y si no...también. ¿Acaso fui yo el que le propuso esa experiencia?, ¿no fue más bien usted quien aceptó o no la invitación?, ¿sigue creyendo que este texto tiene alguna influencia sobre usted?, ¿o yo a través de este espacio virtual?.

¿De qué forma podría incidir este blog en su conducta o en sus procesos psicológicos?, por no llamarlos “mentales”. Lo invito a dar un salto y salirnos de este texto y de la lectura. Traigamos otro mundo o realidad a la mano. Miremos a nuestro alrededor, recordemos nuestras interacciones con otros seres humanos. Tomemos conciencia de cómo nos sentimos tocados y cómo tocamos a los demás, aunque no siempre en forma física, cada vez que interactuamos con otras personas. En nuestra experiencia del vivir, podemos constatar que las personas nos tocan de distinta manera y, que a su vez, las tocamos de modos muy diversos e impredecibles. ¿Cómo nos tocamos con quienes nos rodean?, ¿de qué depende el modo de tocarnos?

Los seres humanos, al interactuar unos con otros, nos tocamos utilizando el lenguaje. Es a través del lenguaje que nos relacionamos, fundamentalmente, con quienes nos rodean y con el medio que nos circunda. Es a través del lenguaje que podemos traer diversos mundos a la mano, cada uno de los cuales configura una particular realidad y experiencia. Lo significativo, es que el lenguaje surge en la relación con otros seres humanos, es decir, en un contexto relacional, en el espacio que se da entre un ser humano y otro, no en el interior de la cabeza de alguno de ellos, como tradicionalmente se cree.

Si este texto lo ha tocado, ha sido por el lenguaje, en este caso escrito, que contiene. Fíjese que no se trata de una simple pantalla o imagen, ni de meras manchas de colores, muy por el contrario, se trata de un texto significativo, si tenemos la capacidad de saber leer en español.

Por favor, preste atención a lo anteriormente señalado. Este texto no es significativo en sí mismo. Para que tenga significado debemos cumplir con una condición, esto es, debemos saber leer español. Si estuviera escrito en hebreo o en japonés, no tendría para nosotros el mismo sentido, más aún, no habría tenido este texto la capacidad de tocarnos. ¿Qué implica esto?, ¿a dónde nos lleva?.

Este texto tiene la capacidad de tocarnos porque nosotros tenemos la capacidad de que nos toque, si no tuviéramos la capacidad de ser tocados por este texto, éste carecería de significado y sentido para nosotros. No crea que se trata de un juego retórico. Esto último es de suma importancia y trascendencia en nuestro operar como seres humanos. Nada nos puede tocar si no tenemos la capacidad de ser tocados por ese algo o alguien. Dicho de otro modo, no es el mundo circundante el que define si nos toca o no, sino nosotros, en nuestra condición de seres humanos particulares.

Esta capacidad de ser tocados es una propiedad que nos permite nuestra biología, ciertamente. Nuestra estructura biológica, la organización particular que presenta, nos da las bases para tener la capacidad de interactuar con nuestro entorno. Todo lo que hacemos, lo hacemos porque nuestra biología nos permite hacerlo. En este sentido, se plantea que nuestra biología nos limita, nos pone un límite operacional, no nos podemos salir de ella. A esto se refiere el profesor Humberto Maturana cuando plantea la idea del determinismo estructural, pues estamos determinados por nuestra estructura biológica. No podemos volar, no podemos percibir la radiación ultravioleta, sólo podemos oír sonidos que se hallan en una determinada frecuencia, en fin, no podemos escapar a nuestra condición de seres humanos, condición que implica un alto nivel de plasticidad, gracias al desarrollo que ha presentado nuestra biología.

Sin embargo, además de nuestra limitación biológica, hay una limitación que está definida por nuestra historia de experiencias. Las experiencias que hemos vivido también nos limitan, del mismo modo que lo hacen aquellas experiencias no vividas. Vuelvo sobre la idea de que si no entendiéramos el español, lo que en estos momentos está observando tendría un significado muy distinto. Nuestra experiencia nos permite darle o no ciertos significados a ciertos hechos o sucesos vividos. Una experiencia se constituye en la base de las experiencias futuras, dándole sentido a nuestro vivir y definiendo el mundo que somos capaces de traer a la mano. Distintas historias de vida traen a la mano distintos mundos posibles y, por tanto, distintas realidades.

¿Qué estoy tratando de plantear?

Que el mundo que nosotros vivimos, la realidad que creemos vivir, es tan sólo una de las tantas realidades posibles de traer a la mano. Que la realidad y el mundo que vivimos no dependen exclusivamente de lo que sucede “fuera” nuestro, sino por el contrario, dependen fundamentalmente de lo que sucede “dentro” nuestro, depende de las huellas que han dejado nuestras experiencias, que se han ido apilando unas sobre otras desde el momento de nuestro nacimiento. Somos nosotros los que le damos sentido al mundo, no es el mundo el que tiene sentido en sí mismo. Somos nosotros quienes le damos significado a estas “manchitas de colores”, ellas en sí mismas no son más que “manchas”. Somos nosotros los que le damos significado a lo que nos dice un amigo o nuestro jefe, o nuestra pareja, pues sus palabras, en sí mismas, son sólo sonidos que somos capaces de producir los seres humanos, sonidos, por lo demás, que aprendemos a producir en nuestra historia de interacciones humanas.

Ahora podríamos preguntarnos: ¿si las distintas personas tenemos distintas experiencias e historias de vida, entonces tenemos y vivimos distintas realidades todas igualmente legítimas?, ¿si hubiésemos nacido en Bombay o en Nigeria seríamos los mismos?, ¿es más válido el mundo que vive un croata o un canadiense o un chilote que el mundo que nosotros vivimos?, ¿es posible culpar a alguien por pensar, sentir o entender de un modo distinto al mío?, ¿qué tan conscientes somos de lo que implica estar determinados por nuestra historia de experiencias previas?, ¿qué tan responsables nos hacemos de nuestros particulares puntos de vista y creencias?.

Al comienzo, le advertí que este texto no debía leerlo, ya que optó por no hacerme caso, continuaré:

¿Existe un mundo totalmente independiente de nosotros?, ¿somos los seres humanos capaces de acceder a un conocimiento “objetivo” de la realidad?, ¿qué es lo que llamamos “real” en la vida cotidiana con tanta soltura de cuerpo?, ¿qué nos lleva a ver el mundo de sólo una manera posible?, ¿de quién estamos realmente hablando cuando emitimos un juicio?, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos?, ¿qué escuchamos cuando escuchamos?, ¿a quién somos capaces de escuchar?, ¿dónde nos paramos cuando damos consejos?, ¿qué consecuencias tiene no hacernos cargo de nuestras limitaciones humanas?, ¿qué sucede cuando intentamos generalizar nuestras experiencias y darles validez universal?

Lo significativo, lo interesante, lo entretenido, no son cualidades “objetivas”, son distinciones que nosotros hacemos desde nuestras particulares experiencias, desde nuestra singular forma de “ver y escuchar” el mundo que nos rodea. Es posible que este texto le haya sido muy poco significativo, o quizás, algo significativo, en cualquier caso, eso no depende del texto. Es posible, incluso, que se haya molestado con la lectura de este artículo, si leyó con atención tendrá que reconocer que su molestia tampoco es responsabilidad del texto. Si su molestia lo hizo saltarse el texto y leer sólo este final para saber a dónde llevaba todo esto, tengo que comunicarle que tiene que leer el texto para entender su sentido. Si leyó el texto y no le encontró sentido a lo leído, le reitero que el sentido de lo leído no está en el texto. Si aún no entiende de qué trataba el texto, le sugiero que lo vuelva a leer con calma, aunque no le puedo garantizar que lo entienda, pues el entender, que requiere darle significado a lo leído, no depende sólo del texto. Si cree haber entendido algo y ese algo le parece muy loco o extraño, tengo que decirle que entendió más de lo que usted cree. Si al llegar a este punto de la lectura se siente un poco angustiado y confundido, significa que su capacidad para darle sentido a lo leído, es bastante buena. Si le parece que el texto que acaba de leer no era para nada peligroso, tenga paciencia, tómeselo con calma, poco a poco comenzará a entender de qué se trataba el texto. Si se está preguntando si existe o no este texto y si usted realmente está despierto mirando estas líneas, bienvenido, ahora entiende por qué le advertí que no leyera este texto.


Welcome to the Matrix.

miércoles, diciembre 20, 2006


Frederic Bartlett y la noción de esquema cognitivo.

Siguiendo con el desarrollo histórico de la ciencia cognitiva, cabe destacar a otro investigador europeo, también olvidado por la psicología tradicional, contemporáneo de Dewey y de Vygotsky, que insistió en estudiar los procesos mentales en medio de la hegemonía conductista, el psicólogo inglés Frederic Bartlett (1886-1969).

En sus estudios, Bartlett llegó a la convicción de que el método experimental utilizado por la psicología para estudiar la conducta humana no era el más apropiado, pues al analizar la conducta, descomponiéndola en una serie de estímulos y respuestas, se estaba tratando de simplificar demasiado los problemas que son propios de la psicología, que se caracterizan por ser “desalentadoramente complejos”.[1] En este mismo sentido, le pareció inadecuada la metodología que había utilizado el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus para estudiar la memoria, sílabas sin sentido, pues de esta manera se descontextualizaba el operar cognitivo del sujeto, con lo cual se perdía el carácter significativo que tiene el recuerdo, que es uno de los aspectos característicos de la memoria humana.[2] Para apoyar sus ideas, Bartlett cita los trabajos de Wundt, quien ya había demostrado que un juicio dado por una persona puede no dar cuenta de la reacción a un estímulo inmediato, sino ser el resultado de una serie acumulativa de estímulos y situaciones precedentes. Agrega, que cuando un observador entra en una situación experimental, lleva consigo una serie de propensiones, tendencias, modos característicos de responder, que son resultado de la historia de discriminaciones que el sujeto ha tenido que realizar.[3]

Bartlett, se dedicó a estudiar la memoria como una construcción subjetiva. Para él, ésta no era el simple recuerdo de eventos experimentados, pues las personas rellenan y embellecen el relato con detalles que no están presentes en el contexto original.[4] Cuando una historia se transmite de un sujeto a otro, cada uno la repite de acuerdo a lo que cree haber escuchado, de manera que el relato sufre continuas modificaciones antes de alcanzar una forma más estable y ser adoptado por toda la comunidad.[5] El recuerdo se ve afectado por las experiencias vividas, el pasado incide de manera significativa en los procesos perceptivos, haciendo posible que la persona reconozca una situación determinada y actúe de una manera que resulte adecuada a ésta. Bartlett, en la misma línea de pensamiento adoptada por los psicólogos de la gestalt, advirtió que las experiencias pasadas no operan como elementos aislados, sino que como una totalidad organizada, como un patrón de actividad dinámica, que denominó esquema. Desde esta perspectiva, todas las respuestas adaptativas del organismo se basan en esquemas, los que se han desarrollado como resultado de la sistematización que presentan las experiencias que ha tenido un sujeto a lo largo de su vida.[6]

La historia de las personas, el conjunto de sus vivencias, estructurada en estos patrones o pautas de actividad denominados esquemas, proporciona una posible reacción adaptativa que es específica a la situación particular a la que se enfrenta el sujeto, es decir, ofrece una orientación al organismo para que su conducta resulte eficaz y eficiente. Estas estructuras cognitivas, en tanto son el resultado de la interacción del sujeto con su entorno, están influidas, de un modo muy significativo, por el medio sociocultural en el que actúa la persona, de manera tal, que podría entenderse la educación como el proceso a través del cual los sujetos adoptan los esquemas cognitivos necesarios para orientarse y sobrevivir en medio de la sociedad a la cual pertenecen. Así, a través de la educación, tanto formal como informal, los esquemas dejan de ser estructuras cognitivas exclusivamente individuales, constituyéndose también en instrumentos o mediadores sociales, para usar la terminología de Vygotsky, que le permiten a la sociedad sistematizar, organizar y utilizar las experiencias pasadas que la han ido conformando y que se encuentran distribuidas entre sus integrantes.


[1] Bartlett, Frederik. Experimental method in psychology. The Journal of General Psychology, 4: 49-66. 1930. (En http://www-bartlett.sps.cam.ac.uk/ExpMethodinPsych.htm 30/07/06)

[2] Gardner, Howard. The Mind's New Science: A history of the cognitive revolution. New York: Basic Books. 1985. Edición en español, La Nueva Ciencia de la Mente. Ed. Paidós, Barcelona. 1987

[3] Bartlett, Frederik. 1930. op. cit.

[4] Bechtel, W., Abrahamsen, A., Graham G. Companion of Cognitive Science, MIT Press, MA. 1998.

[5] Bartlett, Frederik. Some experiments on the reproduction of folk stories. Folk-Lore 31: 30-47. 1920. (En http://www-bartlett.sps.cam.ac.uk/SomeExperimentsOn.htm 30/07/06)

[6] Bartlett, Frederik. Remembering: A Study in Experimental and Social Psychology. Cambridge University Press. 1932. (En http://www-bartlett.sps.cam.ac.uk/TheoryOfRemembering.htm 01/08/06)